Abril se despide…y en ese cierre suave, algo en nosotros también se recoge.
Somos energía.
Energía que se mueve, que se expande,
que a veces se repliega y se abraza hacia adentro.
No siempre es luz.
No siempre es calma.
A veces es densa, incómoda, difícil de nombrar.
Y ahí… justo ahí, aparece la práctica.
Como un espacio donde no hace falta cambiar nada,
solo sentir.
Solo respirar lo que es.
Con amabilidad, sin juicio,
dejando que todo encuentre su cauce.
Somos un canal en movimiento,
incluso en la quietud más profunda.
Y cuando dejamos de luchar,
cuando soltamos la necesidad de entender o corregir,
algo se ordena.
Respiramos lo que llega.
Soltamos lo que pesa.
Y recordamos que no hay nada que esconder.
El descanso también es parte del camino.
Un descanso sincero, sin miedo,
donde el cuerpo —sabio— se repara.
En este tiempo de gestos sutiles,
de recogimiento y entrega,
la energía sigue viva,
más interna, más silenciosa… más verdadera.
Nos encontramos en el mat siempre.
Con todo mi cariño